Al leer esta carta, una serie de sentimientos fluyen en distintos sentidos en mi pensamiento. Para muchos pacientes, con distinto criterio y rasante para evaluar la correcta funci?n de un@ doctor/doctora, esta señora ha podido ser incluso una eminencia de la sanidad. La experiencia personal que hemos padecido en nuestra familia no gira en torno al mismo eje. Si algo debe tener un especialista de la sanidad es, con tanta importancia como los conocimientos de la materia, la psicolog?a y la adecuada atenci?n al paciente. Esto ?ltimo ha sido, en este caso, un bombillo apagado por su ausencia en la persona de doña Berta. Hemos sentido el desprecio ante la gravedad, el poco tacto ante la impaciencia... De todos es sabido que, cuando un ser querido agoniza y ves c?mo los m?s destacados m?dicos de tu tierra no "logran" hacer nada por ellos (enfatizo en las comillas), la desesperaci?n puede hacer mella en tu actitud. A todo esto, si bien he de reconocer que la gravedad de la situaci?n familiar, hizo perder los nervios en m?s de una ocasi?n a algunos miembros de mi familia, la reacci?n de doña Berta para con nosotros dej? mucho, much?simo que desear. No se explic? con la atenci?n y psicolog?a adecuada la situaci?n de nuestros enfermos, y se nos habl? de muy mal modo cuando peor lo pas?bamos. Un m?dico debe ser paciente (como adjetivo) en los momentos menos malos, pero donde m?s debe mostrar profesionalidad es en las situaciones cr?ticas. Y doña Berta NO lo hizo. No quisiera finalizar mi modesta "denuncia" sin dejar tambi?n una pregunta en el aire: ¿Cu?nto de grave debe estar un paciente para poder recibir las atenciones del hospital? ¿Acaso no vale estar muri?ndose? ¿Es necesario algo m?s que eso? Muchas gracias a doña Berta por sus palabras pero, sinceramente, ni yo ni mi familia nos sentimos nunca esos pacientes a los que tanto cariño parece tenerles. Desgraciadamente, mis familiares ya no est?n aqu? para recibir el cariño de sus palabras.
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